domingo, 8 de octubre de 2017

“No podemos dejar en manos de la cultura popular o de nuestras intuiciones la atención a la infancia y adolescencia”

ENTREVISTA IÑIGO MARTÍNEZ DE MANDOJANA VALLE

La educación social debe jugar también un papel importante desde una visión preventiva, defiende Íñigo Martínez de Mandojana en el Día de la Educación Social

Iñigo Martínez de Mandojana, autor del libro ‘Profesionales portadores de Oxitocina’ sobre educación social y buenos tratos.

Iñigo Martínez de Mandojana, autor del libro ‘Profesionales portadores de Oxitocina’ sobre educación social y buenos tratos. (Miguel Ángel Pascual)
PAMPLONA - Las personas estamos diseñadas genéticamente para ejercer los buenos tratos sobre nuestras crías. Lo dice Iñigo Martínez de Mandojana (Vitoria, 1973), educador social, psicopedagogo y director de la Asociación Biraka, profesionales del buen trato, que subraya que esos buenos tratos y la parentalidad positiva van más allá de los besos, las caricias o las cosquillas. “Hablamos de proteger, de cuidar, de amar y de poner límites”. Estas y otras reflexiones están recogidas en el libro Profesionales portadores de oxitocina, en el que recuerda que “tan importante es proporcionar un envoltorio afectivo como ser capaces de poner límites”. “Prescindir de una de las dos puede llevar al caos o al autoritarismo”, apunta coincidiendo con la celebración del Día Internacional de la Educación Social.

Resiliencia, parentalidad positiva, apego... ¿Son términos solo para profesionales?
-Para nada. La parentalidad positiva es una manera de entender los buenos tratos desde la cotidianeidad en los contextos, tiempos y espacios donde aparentemente no sucede nada: comer, ir a la ikastola, ir a dormir, vestirse... Es donde se sintoniza, se comparte, se establecen límites y se generan vínculos. Todo ello desde el respeto al ritmo de cada niño, dejando que se equivoque, y desechando la humillación, la agresividad y el sometimiento. Al fin y al cabo, hablamos de crear espacios de seguridad, de escucha y de confianza donde van adquiriendo habilidades para enfrentarse a retos cada vez más difíciles.
Quizá el problema es que muchos padres y madres se enfrentan a esos mismos retos por primera vez. Y acertar en la respuesta no es nada fácil.
-Por eso las administraciones tienen un desafío por capacitarlos en esa dimensión con el fin de conseguir ciudadanos más sanos y competentes. Hay una necesidad clara de empoderar a las familias a partir de conocimientos y de habilidades basadas en la evidencia científica con el fin de optimizar el desarrollo de nuestros niños y niñas. No podemos dejar en manos de la cultura popular o de nuestras propias intuiciones la atención a la infancia y adolescencia.
¿Y qué hacemos con el clásico “no cojas a un bebé en brazos que lo malcrías” o el “ya se le pasará la tontería de la adolescencia”?
-Todo el mundo puede tener una opinión acerca de cómo educar, pero eso no garantiza que sea responsiva ni competente. No se puede malcriar a los hijos por darles demasiado de ti mismo.
Siempre me ha llamado la atención que en el hospital enseñen a cambiar un pañal y no a consolar un llanto.
-Y sin embargo tan importante es generar protocolos de cuidado pediátrico como promocionar una sensibilidad parental. Un progenitor tiene no solo que Querer, sino también Saber y Poder ejercer esa parentalidad. Desde la Asociación Biraka estamos trabajando por confluir aspectos pediátricos con salud emocional. En colaboración con el Gobierno Vasco este año vamos a formar de manera experimental a matronas, enfermeras pediátricas, pediatras y ginecólogos en buenos tratos.
¿Está relacionada la salud física con la salud emocional?
-Cada vez son más y mejores las investigaciones que relacionan apego seguro con salud. Y a su vez, la correlación que la incompetencia, el maltrato y el abandono tienen en la enfermedad y patología psico-física de niños y niñas. Un niño y una niña tiene que ser querido, atendido, calmado, escuchado y abrazado desde el minuto cero y además se deben mantener esos criterios de manera sostenida en el tiempo. Los profesionales de la salud gozan de un privilegiado rol para ser transmisores de esa sensibilidad.
¿Nos preocupamos mucho por las necesidades físicas y poco por las emocionales?
-Nunca ha habido una generación de padres y madres que sepan más de aspectos pediátricos. Conocen lo que es el estreptococo, toda la casuística de la vacuna Prevenar o incluso tienen un plan individualizado de parto. Pero muchos desconocen la importancia de generar un apego seguro, del juego o de su presencia.
¿Les dedicamos poco tiempo a nuestros hijos e hijas?
-Nuestra experiencia nos habla de que cada vez hay más niños y niñas solos, más abandonados, aunque no lo parezca. Hay una sensibilidad extrema hacia los primeros meses de vida que se va perdiendo en detrimento de la infancia mediana. Es lo que se conoce como el abandono próximo, niños y niñas que tiene todas las necesidades físicas cubiertas pero no las emocionales. A veces los quebraderos de cabeza van más por el tipo de colegio que elijo para mi hijo que por cómo puedo organizarme para pasar más tiempo con él.
¿Qué es necesario saber para lograr un desarrollo óptimo de los hijos e hijas?
-Los cuatro ejes cardinales son la afectividad, el cuidado, la protección y la participación. Eso garantiza cuidadores empáticos, con unas buenas estrategias para solucionar problemas. Me gusta recordar que la crianza es una carrera de fondo y no de tirones. Muchos cuidadores vuelcan todos sus esfuerzos en el embarazo y primeras etapas obviando la importancia del resto de la infancia y adolescencia. Por eso insistimos en lo que se conoce como “slow parenting” o “crianza a fuego lento”.
¿En qué consiste?
-En poner en valor el tiempo, la presencia, la calidez frente a un modelo económico y rentable del tiempo. Vivir viviendo. Es decir, no importa tanto el beneficio último sino el beneficio integral de todos los factores del proceso. Hay padres y madres que están deseando que su bebé sea capaz de sentarse, que empiece a andar, quitarle el pañal, para luego hablar, para luego ir solo al colegio, para que luego vaya a la universidad... para luego darse cuenta de que todo ha ido muy rápido. Hay que dejarles descubrir lo que son y no lo que queremos que sean. Dejar que las cosas sucedan en lugar de forzarlas. Eso significa una apuesta por experiencias y aprendizajes no tangibles en linkedin o en un currículum.
¿Las reglas están para romperlas?
-La crianza tiene que ser un baile tan complejo como el tango. Lleno de cambios de ritmo donde a veces manda lo rápido y otras lo lento. Hay veces que hay que ser rutinario, previsible y rígido, y otras flexible o condescendiente. Con dos años, por ejemplo, el niño o niña por proceso evolutivo querrá hacerse el dueño de la casa e imponer sus normas a todo el mundo. En ese caso necesitará de unos límites firmes y sostenidos que le permitan interiorizar la importancia del otro en el mundo. En cambio, en la adolescencia, nuestros hijos e hijas necesitarán de mayor flexibilidad y diálogo por su mayor capacidad para mentalizar.
¿Negociar no es de débiles?
-Negociar es de sabios, pero depende cuándo y cómo. Tenemos que enseñarles a entender cómo funciona el mundo, a que tengan un criterio sobre él. Y cuantas más herramientas les posibilitemos, mejor preparados estarán para adaptarse y superar retos.
¿La flexibilidad es una de ellas?
-Ser capaz de empatizar con el que tienes enfrente y ofertar posibilidades es un don. La flexibilidad le ayuda a conocer las consecuencias de sus actos, a entender las emociones propias y las del otro. Otras veces, claro, habrá que decirle que con terroristas no se negocia y habrá que ser implacable. Hablamos en este sentido de pataletas, amenazas, chantajes, etc… He visto cómo niños de 3 años dominan a sus progenitores y me dan mucha pena, porque si un niño o niña se da cuenta de que es más fuerte que su padres, ¿quién le va a proteger?
¿El adolescente es un incomprendido o rebelde por naturaleza?
-Pensamos en la adolescencia como la etapa más turbulenta y borrascosa de la vida cuando en realidad es una etapa maravillosa donde el cerebro vuelve a rediseñarse para aprender mejor, sentir, desarrollar criterios… Y para ello es necesario, como en la infancia temprana, tener unos cuidadores empáticos y sensibles a su lado.
¿Hay que ser compresivo, entonces?
-Muchos niños y niñas que han tenido un desarrollo muy sano y adecuado en sus primeras etapas ven truncadas sus posibilidades por una adolescencia no comprendida y mal atendida. Tenemos que apostar por una adolescencia positiva, lejos del paradigma de la hormona. Es una etapa para vivir, disfrutar, equivocarse, llenarse de experiencias y no una etapa que “haya que pasar cuanto antes”. Los adolescentes necesitan afecto y diálogo, y dormir mucho.
¿Dormir?
-Sí, dormir. Muchos padres y madres piensan que sus hijos e hijas son unos holgazanes por dormir tanto, pero en realidad lo que están haciendo es darle tiempo a su cerebro a rearmarse y configurarse.
¿Una experiencia traumática infantil marca toda una vida?
-Si las guerras, violaciones de los derechos humanos, muertes trágicas o el maltrato hubieran defenestrado a los damnificados, el ser humano se habría extinguido. Sin embargo, la historia del ser humano está llena de ejemplos que demuestran que nos podemos rehacer y salir reforzados de esos golpes.
¿Cómo?
-Con un canto a la vida. La resiliencia nos habla de la magia de poder abordar situaciones traumáticas de una manera adaptativa, constructiva. Conocemos ejemplos como Víctor Frank, Nelson Mandela, Nick Vujicic o el propio Harry Potter. Si alguien ha tenido la mala suerte de vivir abandono, maltrato o cualquier tipo de trauma, sabemos que es posible una reparación transformadora.
¿Prejuzgar a un niño conflictivo es una forma de mal trato?
-Totalmente. Muchos niños, niñas y adolescentes disruptivos o generadores de conflictos son unos incomprendidos. No son lo que hacen. Hay que ser capaz de ver más allá de la conducta, porque el dolor se esconde siempre debajo de la piel. El profesional inexperto se quedará en la conducta y el auténtico en entender qué le sucede y cómo le puede ayudar.
Como padres y madres, ¿qué podemos exigir a los profesionales?
-Debemos exigir lo mejor de los profesionales que van a atender a nuestros niños y niñas, y eso solo pasa por profesionales empáticos, formados y sensibles a las necesidades de éstos. Yo no dejaría que me operara un médico con los conocimientos y recursos de los años 80. Lo mismo debe de ocurrir con los profesionales de la ayuda y de la educación. A día de hoy somos cada vez más conocedores del cerebro y del impacto que el maltrato genera en su funcionamiento y obviarlo no solo es una irresponsabilidad profesional sino una negligencia.

las claves

“Nuestra generación sabe más que nunca de aspectos pediátricos, pero a veces descuidamos la importancia de la seguridad parental”
EL LIBRO
Resiliencia y apego. Profesionales portadores de Oxitocina es una invitación del autor a cruzar un puente al mundo de la reflexión, al mundo de los pequeños detalles, de las pequeñas nadas, al mundo de los buenos tratos profesionales.
http://www.noticiasdenavarra.com/2017/10/02/sociedad/navarra/no-podemos-dejar-en-manos-de-la-cultura-popular-o-de-nuestras-intuiciones-la-atencion-a-la-infancia-y-adolescencia

viernes, 6 de octubre de 2017

PRACTICA PSICOMOTRIZ

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Entrevista: Bernard Aucouturier

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El niño de hoy y la autoridad

El niño de hoy
y la autoridad

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Bernard
Aucouturier

Un tema educativo que se plantea en
muchas familias y profesores. Frente a las
exigencias de estos “niños terribles” (enfant
terrible) que maltratan a sus familias, los
padres se encuentran con pocos recursos
para imponer sus límites. El malestar de
los padres va en aumento, culpabilizándose
de “no ser buenos padres”, utilizando
el autoritarismo o bien laisser-faire. El
problema de todos estos niños es que
se encuentran en un ambiente familiar
donde los padres tienen dificultades para
imponer el “no”. Teniendo en cuenta estas
dinámicas, ¿cómo imponer la autoridad,
sabiendo que la autoridad es una acción
educativa que interviene en el psiquismo del
niño y de su devenir social?


Bernard
Aucouturier
DOI: pym.i364.y2015.002

jueves, 5 de octubre de 2017

Álvaro Bilbao: “El niño que llora por la noche y no es atendido vive un momento terrorífico”

El neuropsicólogo desmiente en su libro 'Todos a la cama' mitos como que es malo dormir a los bebés en brazos o que aguantarán más tras un biberón con cereales


Álvaro Bilbao, durante la entrevista.


Tener hijos, sobre todo pequeños, da sueño. Y si no, basta con preguntar a cualquier madre o padre reciente, o incluso a muchos con niños de dos o tres años o más. Aunque uno sepa que va a descansar menos con la llegada de un bebé a casa, una cosa es la teoría, y otra, dormir cuatro o cinco horas, con varios despertares en medio, una noche tras otra, y así durante meses. Varios expertos han tratado de responder con libros a la demanda de padres desesperados para que sus niños duerman mejor. Los más conocidos en España son el método Estivill, polémico por defender el entrenamiento del sueño dejando llorar al bebé durante unos intervalos establecidos, y la tendencia antagónica representada por el pediatra Carlos González y la psicóloga Rosa Jové, partidarios del colecho. El neuropsicólogo Álvaro Bilbao, autor del superventas El cerebro del niño explicado a los padres, pretende en su nuevo libro, Todos a la cama (Plataforma Editorial), ofrecer una tercera vía para ayudar a los niños (y a los padres) a dormir "con amor y confianza".


Es un libro sencillo, que explica las características del sueño de los bebés, con fases mucho más cortas que en los adultos, para que los padres entiendan las razones de los frecuentes despertares. Así, propone una estrategia para ayudar a los bebés a dormir, pero muy abierta, respetuosa y basada en la experiencia personal de Bilbao con sus tres hijos. También ofrece pautas para problemas que se plantean con niños más mayores, como no querer irse a la cama, levantarse una vez acostados o los terrores nocturnos.
Pregunta. ¿Por qué es necesario otro libro sobre el sueño?
Respuesta. Durante mucho tiempo, se ha hecho creer a los padres que solo hay dos opciones para dormir a los niños. Una sería dejarles llorar, aunque lo estén haciendo desconsoladamente, porque es la manera de que ganen autonomía en el sueño, y la otra sería dormir con ellos, colechar, porque parece que es la única forma respetuosa de atender a las necesidades del sueño del niño. Pero esto no es del todo cierto. El colecho no es la única forma respetuosa y amorosa de ayudar a los niños a dormir, y los métodos que te dicen que el niño tiene que quedarse solo llorando no son los únicos que le van a dar autonomía. Además, es una disyuntiva totalmente artificial. La mayoría de los niños van desarrollando unos hábitos de sueño porque los padres introducen estrategias, se organizan como pueden, y la realidad es que la mayoría de los padres no se identifican ni con una ni con otra opción.
P. En tu libro, eres sobre todo crítico con el método Estivill.
R. Pero también explico una cosa: el método Estivill se ha demonizado, se ha hablado de que produce lesiones neurológicas, pero en realidad no hay estudios que lo afirmen. Sí sabemos que llorar durante periodos muy prolongados puede provocar estrés, que genera cortisol, y que el cortisol puede provocar daños neurológicos. Pero no hay ningún estudio que ligue el llanto del niño que es entrenado en este método con daños neurológicos. Sí es verdad que el niño que llora por la noche sin que sus padres le atiendan está siendo privado de una atención muy importante para él. Ese niño vive un momento terrorífico. Está asustadísimo, porque no entiende que los padres están al otro lado de la puerta. Para él, los padres han desaparecido por completo. Sabemos que el llanto es una respuesta muy primitiva, pero también muy adaptativa. El niño llora mucho porque cuanto más fuerte llora, más probable es que la madre le atienda, y mayor es la probabilidad de supervivencia. Por tanto, no debemos acallar ese instinto. Es bueno que los niños lloren, y es bueno que los padres les atendamos. 

“No hay una receta mágica para dormir los primeros meses del niño”

Sí hay datos concretos que dicen que los niños que son entrenados con el llanto parecen desarrollar menos confianza en ellos mismos. Se hizo un estudio y se vio, a nivel estadístico, que estos niños llegan menos lejos en la resolución de problemas, es decir, son menos autónomos. Y cuando ya no son capaces de resolver el problema, no piden ayuda, mientras que los niños a los que se ha atendido sí lo hacen. También es justo decir que estos métodos no solo se centran en que el niño llore, sino que también introducen una serie de hábitos previos al sueño que son sensatos y positivos.


P. Hace unos meses, la periodista Samanta Villar recibió muchas críticas por decir “todos nos hemos imaginado tirando al niño por el balcón”. Por lo que cuentas en tu libro, cuando los padres están desesperados por la falta de sueño, te cuentan cosas así.
R. Efectivamente, hay padres que te cuentan que están desesperados, y es normal. Pero es importante que entiendan que esa no puede ser una opción, y que sepan que sí que hay casos en los que los propios padres sacuden al niño, lo agitan, porque están desesperados, y que pueden provocar lesiones neurológicas. La necesidad de sueño es una necesidad primaria, y por tanto, es normal y sano que los padres busquen respuestas esa disparidad entre el sueño de los niños y el de los adultos. Es importante entender cuáles son las maneras respetuosas para ayudar al niño a dormir. Que hay distintas alternativas y que cada familia se organice de la mejor manera posible.
P. ¿Qué le dirías a unos padres primerizos que están en la fase de desesperación?

“La televisión y la tableta retrasan la aparición del sueño”

R. Que es normal, que es una fase muy habitual. Que si el bebé tiene menos de un año, lo más cómodo va a ser que compartan la habitación con él, y que si quieren, pueden compartir la misma cama, porque mientras lo hacen las tomas son más frecuentes y hay más despertares, pero son menos disruptivos tanto para la madre como para el niño. En realidad, los estudios dicen que da igual que coleches o que durmáis en habitaciones separadas: durante el primer año de vida, la mayoría de los padres refieren que su calidad de sueño es muy baja, o sea, que no hay un remedio mágico durante esos primeros meses. Pero que poco a poco la cosa se va adaptando. Es importante que vayan introduciendo hábitos que ayuden al niño a que poco a poco vaya ganando más autonomía en el sueño. Da igual si es en nuestra cama o en su cuna, si el niño va desarrollando unos buenos hábitos, le va a ayudar a conciliar el sueño y a mantenerlo. Es también importante que aprendan por qué su hijo se despierta y llora, porque si lo entienden, van a ser capaces de atenderle con más calma, de tener mucha mayor tolerancia a la frustración, y van a dar una respuesta más amorosa y positiva, que es lo que el niño necesita.
P. Todavía hay gente que cree que es malo meterse al bebé en la cama.
R. El colecho es algo muy cultural, hay países en los que es poco frecuente y otros en los que es lo más normal. Pero es positivo por tres motivos: porque el niño y la madre descansan muy bien; porque los despertares son más breves; y porque favorece el apego y el desarrollo positivo del niño y la lactancia materna.
P. ¿Qué hay del miedo a que si entra en tu cama, no querrá salir nunca?

“El colecho no es la única forma respetuosa y amorosa de ayudar a los niños a dormir”

R. La realidad es que la mayoría de los padres comparten la cama con sus niños en algunos momentos, como cuando tienen una pesadilla, se despiertan muy temprano o cuando están enfermos. Hay niños que no lo hacen nunca o casi nunca, pero las encuestas dicen que alrededor de un 50%-70% de los padres reconocen que durante la última semana han dormido al menos una noche con sus hijos. Es verdad que me escriben personas que están desesperadas porque tienen hijos de 14, 16 años, que no quieren dormir en su propia cama, pero son casos muy contados, dos o tres en los últimos años. Hay veces que simplemente hace falta un poco de sentido común. En la mayoría de los casos el niño va desarrollando el deseo de dormir en su propia cama. Y si vemos que con 16 años sigue queriendo estar con nosotros, a veces es tan sencillo como darles un empujoncito y animarles, sin ser ni agresivos, ni enfadarse con ellos.
P. Volvamos a los bebés. Parece que tienen un detector de altura y el síndrome de la cuna con pinchos. En cuanto los intentas dejar en la cuna, por muy dormidos que parezcan, se despiertan...
R. Sí, todo el que ha tenido un bebé en brazos, sabe que en el momento en el que lo sueltas, se pone a llorar. Esto es porque durante los primeros minutos del sueño, unos 20 minutos, este sueño es muy ligero. Por eso, en cuanto detecta un cambio, se despierta enseguida. El sueño se asocia a ciertos estímulos. El niño que se ha dormido en brazos está asociando dormir a ese estímulo positivo, al calor de la madre o padre, a ese contacto físico, y en el momento en que lo dejas en otro contexto, es como si tú estuvieras tumbado en tu cama y de repente te meten en una piscina. Es un cambio muy brusco para el niño y hace que se desasosiegue y se despierte. Hay que ayudar a los niños a que vayan asociando su propia cuna, o la cama de los padres, el estímulo que queramos, al hecho de dormirse. Y que ese paso final del sueño lo vaya dando solo.
P. ¿Qué opinas de dormir al bebé al pecho o en brazos?

“Es bueno que los niños lloren, y es bueno que los padres les atendamos”

R. Dormir al bebé al pecho es fenomenal, es un estímulo muy positivo para él. Lo que es un error es dormirle al pecho en el salón y luego llevarle a la cuna, porque nunca va a querer ir a la cuna: la asociará a estar separado de la madre, y el salón a pasar buenos ratos, a dormirse, etcétera. Tenemos que ir llevando esas asociaciones positivas al lugar donde queremos que el niño vaya adquiriendo los hábitos de sueño. Con los brazos hay que ir haciendo también esa asociación positiva con la cuna. Durante mucho tiempo se nos ha dicho que lo peor que se puede hacer es dormir a un niño en brazos, pero en brazos se duermen muy bien. Además, son una buena estrategia, porque podemos ir conversando con distintas partes del cerebro que sabemos que ayudan al niño a dormirse. Son partes que se van relajando cuando escuchan ritmos constantes, por ejemplo, cuando paseamos, cuando damos palmadas en el culete, cuando cantamos o susurramos. Si estamos presentes cuando el niño se está durmiendo, le podemos ayudar a que él aprenda esas mismas estrategias para dormirse por sí mismo.
P. Una de las frases más frecuentes es “qué ganas tengo de darle ya un biberón con cereales, a ver si duerme más”.
R. Es un mito muy extendido, que nos dicen madres, abuelas, amigas. Sabemos que no es así, porque hay estudios que demuestran que los niños que se toman un biberón XL no se duermen antes, ni más tiempo, que los niños que se toman un biberón pequeño o que los que toman el pecho. Incluso pueden dormir peor. Es como si tú crees que por tomarte de cena una ensalada doble, con el doble de picatostes, queso, aceite, de todo, vas a dormir mejor. Probablemente tendrás un sueño más agitado.
P. ¿A qué hora deben acostarse los niños?
R. Depende de los horarios matutinos. Sabemos que los niños necesitan dormir mucho. No se trata de forzarles a meterse en la cama, pero sí de preservar sus necesidades biológicas de sueño, dependiendo de la etapa en la que esté. Un bebé duerme 16 horas o más al día, un adolescente y un adulto deberían dormir como mínimo ocho horas. Si vamos a un instituto y preguntamos cuántos chavales de 17 años han dormido ocho horas, levantan la mano un 1%. Es muy importante educar a los niños en que tienen que dormir, en que hay una hora para irse a la cama. Lo conseguimos apagando las luces, la televisión, y siendo también los padres un ejemplo.
P. ¿Cuáles son las consecuencias de que niños y adolescentes duerman menos de lo que necesitan?

“Los chavales que duermen menos horas de las que deberían tienen más dificultades para estar concentrados, para memorizar información”

R. Hay muchos problemas. El sueño es muy importante para el cuidado del cerebro. Uno de los problemas que tenemos es la regulación del estrés. Cuando dormimos, una de las funciones del cerebro es activar de manera plena el sistema inmunológico y eso hace que se vaya eliminando el cortisol del cerebro y otras sustancias tóxicas. El sueño, además, es muy importante en el procesamiento de memoria. Los chavales que duermen menos horas de las que deberían tienen más dificultades para estar concentrados, para memorizar información.
P. ¿Por qué no deben ver la tele o jugar a la tableta antes de dormir?
R. Tanto televisión como tableta tienen un efecto activador del sistema nervioso central, en el que el niño se puede excitar. Lo que queremos justo antes de dormir es todo lo contrario, que el niño se relaje. Una norma muy sencilla y que todos los padres pueden aplicar, porque es de sentido común, es que después de cenar, nada de televisión. También nos encontramos con que está muy de moda que los niños pequeños vean o lean cuentos en el móvil o en la tableta. Son cuentos muy bonitos, que parece que inducen al sueño, con una música muy relajante. Sin embargo, el tipo de luz que emiten los teléfonos móviles, que se llama luz azul, retrasa la aparición de melatonina, una hormona que favorece que aparezcan los ciclos del sueño, y por lo tanto, el niño va a tardar más en dormirse. Por lo tanto, siempre es mejor leer un cuento en papel que estar mirando una pantalla. 
P. ¿Por qué todos los niños piden agua en cuanto se tumban en la cama?
R. Todo el que tiene un hijo sabe que el suyo es el más sediento del planeta. La verdadera razón por la que piden agua es porque los niños, sobre todo los que van a dormir solos, necesitan saber que si llaman sus padres les van a atender. Por eso no solo te piden agua, sino que lo hacen cuando ya te estás yendo. El niño necesita varias cosas: sentirse acompañado mientras duerme, porque les da mucha seguridad; y saber que, si te llaman, vas a ir. Eso también les da tranquilidad. Es un instinto natural.

miércoles, 4 de octubre de 2017

El “amor líquido” o la fragilidad de los vínculos




Amor líquido. Es posible que ya hayas oído hablar de este interesante concepto enunciado por el sociólogo Zygmunt Bauman. En esta poética pero desconsoladora imagen, se encierra una realidad que parece ser bastante frecuente en nuestra actualidad: La fragilidad del vínculo.
No estamos hablando sólo de las relaciones interpersonales, sino también la relación que establecemos con nosotros mismos, o lo que el propio Bauman denomina como “la liquidez del amor propio”.
¿Eres consciente por ejemplo, de que para amar de una forma madura a otra persona, debes empezar por quererte a ti mismo? Así es, este es un problema constante en nuestra sociedad, esa falta de autoestima y de autovaloración en la cual, acabamos perdiendo a los demás por no empezar por nosotros mismos. Por “solidificar el amor propio”. 
Hablemos hoy sobre ello, ahondemos en este interesante concepto.

El amor líquido y la individualidad

En ocasiones, establecer un vínculo fuerte y comprometido, no es algo fácil para muchas personas. Tras ello, se esconde un sentido de responsabilidad y de trascendencia personal que tal vez, no están dispuestos a asumir. Es posible incluso que exista el factor miedo e incluso una inmadurez personal, donde no es posible concebir una auténtica relación sólida, estable y con un proyecto de futuro.
El propio Bauman nos explica que muchas relaciones de hoy en día son “conexiones” más que “relaciones”. Ya no estamos hablando únicamente de la primacía de las nuevas tecnologías y las redes sociales, ésas que nos unen con múltiples personas en el momento en que nosotros elijamos.
Este concepto va un poco más allá. El individualismo busca sólo satisfacer necesidades puntuales con un principio y un fin, de ahí la idea de “amor líquido”, emociones que no se pueden retener y que se escapan fugazmente de las manos hasta desaparecer.
Es algo que sin lugar a dudas suena desconsolador, vivimos en un mundo dinámico donde lo real en ocasiones se conjuga con lo virtual, una modernidad líquida donde muchas cosas parecen escaparse de nuestras manos.
Les ofrecemos numerosos juguetes, tecnologías, establecemos un juego de chantajes donde ante un examen aprobado lo premiamos con un nuevo regalo. Los dejamos caer casi sin querer en una sociedad de consumo con escasos valores, creando individuos a su vez que se vuelven tiranos, que no reconocen dónde están los límites y que, de algún modo, también acaban volviéndose líquidos… Sus amistades nacen en las redes sociales, y para terminar con alguna de ellas cuando no les interesa, no tienen más que usar el botón de “bloquear o reportar” a dicha persona.
Resulta impactante, sin duda.

La importancia del amor propio para combatir el “amor líquido”

Las personas no somos bienes de consumo, ni tenemos una obsolescencia programada como cualquier electrodoméstico. Pensamos, sentimos y amamos. Pero hemos de empezar siempre por nosotros mismos, viéndonos como personas merecedoras de ser amadas.
Un amor líquido siempre nos deja con un corazón vacío, y eso es algo que nadie quiere, el consumista siempre se queda con hambre y con una profunda insatisfacción. ¿De qué nos sirve esto? ¿De qué nos sirve vivir con tanta incertidumbre?
1. En ocasiones, detrás de un amor líquido está la inseguridad personal. El no vernos a nosotros mismos como capaces de mantener un vínculo lo bastante fuerte como para prosperar, como para construir un futuro junto a otra persona.
2. La inseguridad, es reflejo de una autoestima que no se ha desarrollado adecuadamente. Ahí donde sólo se busca una satisfacción puntual para después, huir. Todo compromiso puede evidenciar nuestra falta de competencia, nuestra inmadurez. Pero ¿Por qué no intentarlo?
En esta vida nada es seguro y todos andamos a tiendas entre la niebla, si yo empiezo a confiar en mí mismo poco a poco avanzaré con más seguridad, apostando por la estabilidad. Por el auténtico compromiso conmigo mismo y las personas que me rodean.
3. Bauman nos dice que para ser felices, debemos tener en cuenta dos valores imprescindibles: Libertad y seguridad. La seguridad sin libertad es esclavitud, pero la libertad sin seguridad es un caos total. Todos necesitamos de ambas dimensiones para encontrar el equilibrio en nuestras vidas.

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martes, 3 de octubre de 2017

ESPACIO DE JUEGO CON FAMILIAS

En HAZI ofrecemos también un ESPACIO DE JUEGO CON FAMILIAS
para acompañar a la familia y al bebé y niño en su desarrollo
desde una perspectiva pikleriana.




Seguir la curiosidad de un bebé puede ser apasionante, y es allí cuando aprendemos que el bebé no necesita ser "enseñado", que él aprende por si mismo, y que este aprendizaje será lo que le brinde la seguridad interna e identidad personal.

Hemos aprendido también que el bebé simboliza en y por su cuerpo: cada gesto, cada movimiento, cada acto voluntario le permiten reconocerse, pensarse, encontrarse con él mismo y con el mundo. Pero también hemos aprendido que necesita los objetos y sujetos apropiados del medio ambiente: y estos son proporcionados por los adultos que lo rodean.

"El acompañamiento del desarrollo".  Noemí Beneito