sábado, 16 de septiembre de 2017

«Hemos abierto la puerta de nuestro hogar al monstruo de la hiperestimulación»

El cerebro de un niño no es una esponja, según la psicóloga Alicia Banderas

Psicología infantil: 
«Hemos abierto la puerta de nuestro hogar al monstruo de la hiperestimulación»


«El cerebro de un niño no es una esponja. No lo puede absorber todo.Tiene su propio límite. Generamos niños con alergia a la paciencia, a la soledad y al aburrimiento». Al menos es la teoría de Alicia Banderas Sierra, autora de «Niños sobrestimulados». Esta psicóloga, especializada en educación, plantea este libro para ayudar a padres y educadores a conocer las claves para entender cuáles son los riesgos de la sobreestimulación de los niños y qué podemos hacer para respetar su ritmo de aprendizaje. Su obra también pretende ser un manual de buenas prácticas para el uso de la tecnología, previniendo ciertas conductas como las adicciones, una autoestima frágil o la sorprendente soledad en la era de millones de amigos.
—Los padres de hoy cada vez tenemos mayores conocimientos y estamos más formados e interesados por su educación, pero a la vez estamos más perdidos ante nuevos retos.
—De un tiempo a esta parte se ha empezado a divulgar el conocimiento que antes era de unos pocos para todo el mundo. Pero también soy muy crítica. Es verdad que las familias tienen ese exceso de información, están más formados. Y todos quieren lo mejor para sus hijos por lo que piensa, «si dispongo de todas estas herramientas por qué no voy a utilizarlas»... Pero en ese ansia de educar mejores niños nos hemos pasado al otro lado. Muchos padres no manejan o no filtran bien esa información y no aplican lo que atiende mejor a las necesidades de sus hijos.
—En su libro hace referencia a la hiperestimulación a la que ahora se somete a los niños. Padres que se preguntan: «¿Cómo vamos a perder la oportunidad de que nuestros hijos aprendan inglés y chino, ajedrez y robótica?
—Ahora mismo vivimos con esa presión social, a la que hay que poner un límite. Yo digo los niños sobreestimulados por el afán de crear super niños los exponemos a estímulos antes de tiempo de manera excesiva y precoz, por ejemplo a tareas a veces demasiado complejas que su cerebro ni siquiera está preparado. Y también les sometemos a apuntarles un sinfín de actividades que ni siquiera desean o han elegido. Y esto genera estrés, bloqueo y desmotivación. Hemos abierto la puerta de nuestro hogar al monstruo de la hiperestimulación.
—Pero a veces los padres apuntan a sus hijos a extraescolares porque no llegan a tiempo para recogerlos.
—La escasa presencia de los padres en casa… hacen que hagamos esto. Pero nos estamos pasando. Ahora mismo los niños de dos años van a ballet, estimulación musical, natación, inglés y chino. Es decir, que con 24 meses poseen agendas de ejecutivo. Las actividades, mejor de una en una. Y además les deberíamos apuntar a algo que les guste o se les da bien, para que sientan la auto realización. martes y jueves… la estimulación es buenísima, la privación y la sobreestimulación, fatal. Los niños necesitan juego libre y actividades que no estén planificadas. A veces cuesta lo mismo apuntarles a una sola actividad y contratar a una persona o una estudiante que les pueda cuidar el resto de días y les permita tiempo para aburrirse.
El drama es que muchos padres de hoy piensan que si no está todo estructurado y planificado no es productivo para el niño. Pero es que el conocimiento se origina desde dentro, no desde fuera. El que tiene que procesar y asociar las ideas es el niño, y para eso necesita tiempo libre, o estar en su cuarto con sus juguetes, sencillamente. En consulta lo estamos viendo. Los niños ya no piden que su papá o su mamá esté en casa, sencillamente piden que se les deje en casa, sin agobios y tantas cosas por hacer. Y mucho menos apuntados a actividades que ni eligen ni desean. Otra cosa que considero preocupante de todo esto es que los niños no echen de menos a sus padres y estén acostumbrados a estar con la vecina o la cuidadora...
Los más pequeños tienen que tener el gusto por aprender, y la auto realización que supone llevar algo a cabo, con éxito, o sentirse talentosos. Porque cuando tú conoces esa sensación de pequeño, luego de mayor eres capaz de elegir lo que te gusta.
—Usted repite varias veces en su obra que los niños no son esponjas, en contra de lo que se suele escuchar.
—Es más, una esponja con su excesivo uso no puede absorber más de lo que su propia capacidad permita. Las esponjas también se desbordan y se degradan. Por eso hay que cuidar a los niños. María Ángeles Gallo, de la Universidad de Granada, apunta que tenemos que respetar a los niños porque estos aprenden a fuego lento. Si les sometes a estímulos continuos, no disfrutan, no interiorizan, les saturamos. Además no todo se enseña. A los tres años, los niños tienen el impulso gráfico, tú no le puedes enseñar eso, les sale solo. Los niños tienen una creatividad innata, y lo que hacemos es con tanto estímulo es aniquilar esa curiosidad innata.
—El idioma, asegura usted, también es importante en todo esto.
—Sí, cuidemos el lenguaje. Tengo padres que dicen: «Nos vamos del parque porque tenemos que estudiar». La pregunta es: «¿Te examinas tú?» Lo correcto sería decir: «Nos vamos del parque porque mi hija tiene un examen». Hay que ponerle esa responsabilidad a la niña. Les estamos quitando esa responsabilidad desde Primaria. Estamos aniquilando un montón de herramientas que ellos tienen que saber para enfrentarse a la vida.
—A eso ud. afirma que también contribuye el uso abusivo de estos dispositivos desde muy temprana edad, porque afectan al desarrollo psicomotor, emocional y social de los niños.
—Como todo, esto de las pantallas es un mercado. Pasa lo mismo con las pizarras digitales en el colegio. Hay muchos autores que están investigando sobre sus resultados. Y estos no siempre son mejores que los que obtuvieron generaciones anteriores con la tiza. Abogo por un uso adecuado: Ni cavernícolas ni dementes digitales. En cualquier caso, los padres deben saber las consecuencias que conlleva exponer a los niños con meses a las pantallas de los móviles o de las tablets. Los bebés aprenden tocando, haciendo el juego de la pinza, con el movimiento de su cuerpo, por sensaciones... no deslizando el dedito índice por la pantalla. Primero huelen, miran, luego perciben y finalmente esto trae el lenguaje y el pensamiento.
Pero si hay una sobre exposición a las pantallas, lo que estamos haciendo es favorecer el sedentarismo y dificultar el juego libre en espacios abiertos y naturales que tan importantes son para su salud y bienestar. Se relacionan menos y, por tanto, hablan menos. El lenguaje puede verse afectado. Esta excesiva utilización incluye en la manera de adaptarse a su entorno y en su aprendizaje. Se trata de lanzar una llamada a la conciencia y a la responsabilidad por parte de los padres para hacer un uso adecuado de la tecnología.
—¿Cómo estimular sin dañar durante los primeros años de vida?
—La Academia Americana de Pediatría recomienda que los niños menores de tres años apenas vean la televisión, nada o casi nada, como apunta María Pilar Quiroga Méndez. Parece imposible, ¿verdad? Según esta experta, las exposiciones elevadas en estos primeros años de vida a la televisión, los videojuegos y otros soportes digitales incluyen en los procesos de atención del niño, tanto porque se les somete en cortos períodos de tiempo a un impacto visual brutal que puede mermar el proceso de atención, como por la dificultad de centrar la atención.
El niño con un cerebro en desarrollo tiene que hacer un grandísimo esfuerzo ante tanta saturación. Los estímulos son super rápidos, y de mucho impacto. Cada vez van a necesitar mayor dosis de estímulos y va a ir perdiendo el interés por las cosas que son más naturales, porque van a otro ritmo. Por eso están los niños constantemente con el "me aburro" y una conversación la sustituyen rápidamente por el móvil para jugar.
—En concreto, ¿qué consejo le daría a esos padres que utilizan las pantallas para dar de comer a sus hijos? Según estudios recientes, esto es cada vez más frecuente en los hogares españoles.
—Los niños tienen que percibir las texturas… Al final no comen mejor. Todo lo contrario. Pierden autonomía, porque con 18 meses pueden coger ellos solitos la cuchara. Además tienen que sentir su límite de saciedad. Ingieren comida porque están distraídos, pero eso no es un buen uso de la comida. A veces no hay paciencia, vamos sin tiempo… Pero sugiero invertir un poco, porque todo explota después y nos puede pasar factura.
—¿Cómo se puede ir quitando esta terrible costumbre, cada vez más popular?
—Quitarlo de forma radical es difícil. Es mejor reducirlo poco a poco, y presentarle al niño las comidas que más le gusten, con el afán de que coma. Filete con patatas, canelones... Pero solo al principio. Después llegará el momento en que hay que volver a una dieta normal, e incorporar el hábito de una alimentación saludable. Los niños no se van a morir de hambre porque un día no tenga una pantalla o una alternativa rica. Y el que esté tiempo que no se las ponga nunca, o que determine muy bien los tiempos.
—¿Algo que sí podamos hacer con las pantallas en estas primeras épocas de la vida?
—Un ejemplo de lo que podemos permitir a los más pequeños es el uso de videochats a través de los cuales se relacionan y comunican un rato con los familiares y amigos, algo de gran utilidad en esta sociedad en las que las personas tenemos una gran movilidad geográfica. Es importante adaptarnos a los tiempos y utilizar los beneficios tan positivos que nos aporta la tecnología.
—¿Qué alternativas tenemos a la televisión y al uso de las pantallas o dispositivos electrónicos? ¿Cómo podemos escoger juegos divertidos para reemplazar los dispositivos electrónicos?
—Basta con buscar tiempo y espacios de juego al aire libre, y elegir juguetes que no lo hagan todo por ellos, sino otros que fomenten su imaginación o el gusto por hacer cosas y construir. Que no todos sean digitalizados o a pilas. Hasta los dos años están desaconsejadas las pantallas, pero a partir de los tres pueden convivir con el juego tradicional. Aunque, quiero recalcar, no son necesarias.
—¿Cuánto tiempo de pantalla es demasiado, según su edad?
—Los expertos afirman que más de dos horas diarias pueden tener efectos nocivos. Si se opta por dejar que los niños utilicen estos dispositivos —aunque insisto, no es necesario en esta etapa—, sería con la recomendación de no superar una hora de contenidos de alta calidad, y siempre supervisados y acompañados por sus padres. A partir de los seis años se recomienda buscar un equilibrio entre los juegos tradicionales, sus actividades diarias y los dispositivos digitales. Limitar el tiempo que permanecen frente a estos aparatos, combinándolo con el movimiento y el ejercicio físico y con momentos para relacionarse y comunicarse con sus iguales y adultos, es una manera muy adecuada de actuar.

En la adolescencia

—La segunda parte de su libro trata el problema de las pantallas cuando son un poco más mayores y en la adolescencia. ¿Qué hay de esa creencia de que los niños y adolescentes de hoy, nativos digitales, son necesariamente más «espabilados»?
—Tienen otras capacidades. Primero, que este mundo de pantallas lleva a que los niños hagan una lectura urgente, rápida y superficial. Poco profunda que se dice. Stitzer, psiquiatra y científico alemán, advierte que es como si surfearan a través de las palabras como si quisieran quitárselas de encima. Nosotros también lo hacemos, pero aprendimos a leer de la manera anterior… Los niños que están aprendiendo a leer ahora realizan con dificultad una lectura profunda. Esto genera una baja capacidad de comprensión lectora. La queja más generalizada de profesores, pedagogos... es que los niños no saben lo que leen, porque no han profundizado. Y si no han profundizado, tampoco han grabado el conocimiento.
No siempre aprenden mejor. Insisto, con una lectura rápida y poco profunda no se trabaja la comprensión lectora. Además cada vez se intensifica más la función de filtrar, con lo cual no van a poder leer un libro entero. Pueden caer en la vagueza intelectual.
—Pero son multitarea.
—Son los futuros hombres orquesta del siglo XXI. Tienen mucha más capacidad de hacer cosas a la vez que nosotros, junto con un deseo de no perderse nada, en el sentido de estar estudiándose un tema de un libro, y a la vez escuchando un podcast, la televisión de fondo, el chat del móvil abierto…. A ver, como capacidad es bueno que puedan hacer muchas cosas a la vez, pero como todo tiene su lado oscuro. Y este es que al final no acaban las tareas, ni han estudiado, ni han visto lo que querían ver… A esto se une un estado de ánimo cambiante propio de esta edad y una sensación de frustración lógica por no haber terminado la tarea que les lleva a decir a todo el mundo mundial en Facebook que no están contentos.
También presentan una dificultad en planificar y secuenciar las tareas. Lógicamente porque como apenas empiezan una abren otra… tienen abiertas todas. No consiguen la sensación o serenidad de empezar una cosa y acabarla. Y como no han cumplido ese deber tienen agotamiento tecnocerebral…

Los adolescentes y las redes sociales

—También asistimos además a una nueva dualidad social, en la que niños y adolescentes se encuentran a través de las redes sociales conectados, pero solos, y permanecen en la época de los millones de amigos en habitaciones vacías.
—Viven sus vidas con tal intensidad emotiva y carga emocional a través de la red que no saben gestionar en muchas ocasiones sus emociones. Aunque se contagian de las que proporcionan alegría, sorpresa, humor y empatía, también están presentes de forma más acusada otras de difícil manejo. Por ejemplo, la envidia, los celos y el odio que afloran en internet que queda de manifiesto cuando las personas actualizan su estado, comparten fotos personales, cuando se sabe si uno ha estado conectado o no, o escriben en los foros sobre temas en los que se debate en algunas ocasiones de manera feroz.
Muchos niños y adolescentes viven esclavizados por su smartphone, que favorece la accesibilidad, permite no estar solo y estar permanentemente conectado, relacionarse con los demás en todo momento, poseer el don de la ubicuidad y la hiperpresencia. Les permite ser visibles y se sienten reconocidos, lo cual les permite también reafirmar su identidad.
—Algunos adolescentes se muestran tremendamente narcisistas. Sienten la necesidad de exhibir su imagen en todas partes y cuanto más, mejor.
—La necesidad de sentirse admirados junto al deseo de formar parte del grupo y ser integrados en él, los lleva a exhibir sus vidas en internet. El efecto negativo es que se sienten queridos o admirados por el número de seguidores que tienen, o la cantidad de veces que alguien le ha dado clic a «me gusta», lo cual genera vulnerabilidad y una autoestima inestable y basada en la necesidad de aprobación de los demás. Cuidado, mucho cuidado con esto.
http://www.abc.es/familia/educacion/abci-hemos-abierto-puerta-nuestro-hogar-monstruo-hiperestimulacion-201704211714_noticia.html?ns_campaign=rrss&ns_mchannel=abc-es&ns_source=fb&ns_linkname=cm-general&ns_fee=0&voctype=vocfbads

martes, 12 de septiembre de 2017

II Jornada FAPee "Psicomotricidad y Pikler"



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domingo, 10 de septiembre de 2017

5 CUENTOS PARA LA VUELTA AL COLE


5 CUENTOS PARA LA VUELTA AL COLE


Cuentos vuelta al cole

La vuelta al cole implica una dura adaptación emocional. Veamos algunos recursos para afrontarla:


Inseguridad, tristeza, miedo, incluso angustia. Muchos niños lidian con estos sentimientos ahora que llega la vuelta al cole.
Y también algunos padres. Por qué negarlo.
El comienzo del curso no sólo nos obliga a amoldarnos de nuevo a las rutinas. También significa una adaptación emocional. Y eso es más complicado de gestionar, ¿verdad?
La palabra ‘abandono’ flota en el ambiente. Entre los niños y también entre los adultos. Es el momento de recordarnos que la separación es momentánea, que nos queremos como siempre y seguimos estando juntos.

Un beso antes de dormir

Ponte en su lugar: tiene que dejar la seguridad de su familia y de su casa. Y debe hacerlo sin entender por qué.
Si a ti te cuesta volver al trabajo, imagina lo que siente un niño, que aún no es capaz de racionalizar la situación como tú.
Además, viven en el presente. Les cuesta asimilar el futuro. El niño sólo ve que te marchas. No interioriza tan fácilmente que vas a volver.

Es un momento sensible. Vas a tener que dedicar tiempo y mucho cariñopara ayudarle.

Y quizá para ayudarte a ti misma. ¿Qué tal te encuentras tú?
No eres ningún bicho raro si sientes culpabilidad, angustia o impotencia. Son emociones habituales, sobre todo cuando dejamos al niño en la escuela en contra de su voluntad.

Adivina cuánto te quiero

¿Qué podemos hacer para superar esta etapa?


  • Ten paciencia y no restes importancia ni a los sentimientos del niño ni a los tuyos.
  • Piensa que éste es un paso más hacia la persona autónoma que quieres que sea.
  • Ve con tiempo a la escuela. Sin prisa, cantando o jugando. Intenta no transmitirle tu ansiedad.
  • Los mimos son especialmente necesarios. Necesita notar que le quieres. Que sigues ahí.

Los cuentos son un buen bálsamo y también una herramienta en este periodo. Te propongo 5 historias que pueden ayudarte:

Un beso antes de dormir


Este cuento ilustrado por Alicia Padrón explica que mamá siempre estará por la noche para darle a su pequeño un beso antes de dormir.
El bebé koala, los polluelos, conejitos y peces siempre dan un beso de buenas noches a su madre. Los niños también. Aunque por la mañana vayamos al cole, mamá no dejará de darle ese beso.

Siempre te querré, pequeñín


“Cuando te vayas y no estés conmigo, ¿me seguirás queriendo?”. Colín, el protagonista de este cuento, le hace esta pregunta a su madre.
Ella le explica que su amor no se acaba nunca. Como las estrellas, que nunca dejan de brillar.
Dicen que este cuento es el equivalente literario a un abrazo. Sin duda, es ya un clásico de la literatura infantil.

siempre te querré pequeñín

Adivina cuánto te quiero


Te quiero todo lo alto que puedo saltar. Todo lo lejos que puedo mirar. Hasta el cielo. De aquí a la luna y vuelta.
Este cuento de Sam Mc Bratney, ilustrado por Annita Jeram, explica que el amor es algo difícil de medir. ¿Cómo describir el tamaño de tus sentimientos?
Es un cuento especialmente tierno que invita además al niño a expresar lo que siente.

Besos besos


¿Cómo es un beso? Puede ser dulce, divertido, con sabor a chocolate… Pero todos tienen algo en común: expresan cuánto nos queremos.
Este cuento de Selma Mandine transmite la tranquilidad y dulzura que necesitamos en estos días de altibajos emocionales.

Algún día


Éste no es sólo un cuento para niños. Es un bálsamo para ti, que quizá no lleves del todo bien la separación.
Probablemente te emocione. En sus páginas, una madre le habla a su hija y le va contando cómo irá creciendo, evolucionando y cómo ella le irá acompañando a lo largo de todo el camino.

http://www.alupe.es/cuentos-vuelta-al-cole/

“Hay apegos sanos o insanos”

“Hay apegos sanos o insanos”

El psiquiatra Diego Figuera cree que lo que somos está marcado por la forma en que nos criaron en la infancia


Diego Figueras, en Madrid.


El psiquiatra Diego Figuera sale del Hospital de Día de Ponzano (Madrid) rodeado de pacientes y familias. Hay besos, abrazos, se respira camaradería. Hoy es la primera sesión interfamiliar después del verano. Se trata de unos encuentros que Figuera pergeñó para que sus enfermos pudieran aprender del comportamiento de los otros. Y aprenden. Descargan angustia. Se sienten menos solos. Aun siendo siempre discutida por sectores más ortodoxos de la psiquiatría esta manera comunitaria y afectiva de entender la profesión a Diego Figuera le funciona. El año pasado el Ayuntamiento de Madrid le concedió la Medalla de la Ciudad en reconocimiento a una labor en la que vuelca el conocimiento científico que le inculcó su padre (el primer cirujano que realizó un trasplante de corazón en España) y una actitud creativa que aprendió de su madre, pintora. Figuera entiende que mucho de lo que somos está marcado por la manera en que fuimos criados, por el apego, ese término usado no siempre de la manera más sensata, pero que él nos explica con la pasión y la claridad de quien disfruta a diario de su profesión.
-Apego es un término que definió el psicoanalista y psiquiatra John Bowlby, que analizó las carencias de los niños huérfanos de la II Guerra Mundial. Se dio cuenta Bowlby de que necesitamos a unas figuras que nos cuiden, fundamentalmente, para tener seguridad. Cuando somos muy pequeños, seguridad física, algo que nos viene de la evolución de las especies, porque apego tienen también los animales. Nacemos inválidos, indefensos, ante los depredadores. Bowlby afirmó que nuestra necesidad de apego no es secundaria a la alimentación, como hasta el momento defendían los psicoanalistas. Si estamos inseguros en la crianza no aprendemos bien porque andamos siempre con las señales de peligro encendidas. La relación de cuidados físicos, emocionales y mentales va cambiando en las fases del desarrollo. Un apego seguro se suele considerar terminado en el año y medio. Por eso, hoy en día, se considera tan importante un permiso de maternidad y paternidad como mínimo de un año.
-El apego es una necesidad básica determinada por la especie. Necesitamos cariño, sostén y alimentación. En función de cómo sean esos cuidados salimos con resistencia a la adversidad o con vulnerabilidad, lo cual es un factor de riesgo muy importante en cuanto a la posibilidad de padecer enfermedades mentales a partir de la adolescencia.
-Hay apegos sanos o insanos. El apego seguro es el que nos hace resilientes. No significa que estemos todo el día pegados al niño. Al contrario, hay que promover su autonomía según las fases; en cada edad el niño necesita un tipo de relación afectiva, cognitiva y conductual distinta. Si nos pasamos de listos o de cortos nos vamos a apegos inseguros. Por ejemplo, la sobreprotección da un apego inseguro y con menos resistencia a la adversidad. Es el mal de la sociedad moderna.
-Los trastornos de personalidad están íntimamente relacionados con nuestra forma de vida. El estilo de crianza influye enormemente. Si a un niño se le cría en un apego seguro la probabilidad de tener enfermedades mentales es baja, en general.
-Un apego sano promueve la autonomía personal. En cada momento tenemos que estar separados un poco de nuestros hijos para que exploren, para que se relacionen con el mundo. El exceso de preocupación se relaciona con el trastorno límite de la personalidad. En crianzas muy sobreprotectoras los hijos hacen rupturas muy fuertes con los padres en la adolescencia, los castigan.
-Hoy en día ya no separamos lo biológico de lo psicológico, está interrelacionado de manera compleja. Lo biológico parece que a los psiquiatras nos daba tradicionalmente nuestra entidad como médicos, pero hoy en día creemos que el psiquiatra debe ser alguien más polifacético, tener más intereses, de la filosofía, de la psicología, de la etología, de la neurociencia.
-El otro apego que favorece el trastorno mental es el apego inseguro, evitativo, que es todo lo contrario, el de unos padres excesivamente despegados. Se ha dado mucho en las educaciones británicas. El niño se separa desde muy joven, y lo importante es la rectitud. Es un apego que se relaciona con figuras paternas muy potentes. Tiende más a dar vulnerabilidad a la psicosis, porque te enseñan a fiarte solo de ti mismo, a pensar que vives en un mundo hostil, persecutorio, que mostrar afectos es de blandos, y hay que ser individualista, hay que triunfar. Son trastornos más cercanos al narcisismo.
-Y lo más tóxico de todo es la ausencia de las relaciones de apego. Lo que llamamos el apego desorganizado. Malos tratos, abusos, violencia física, orfanatos duros. Esos chicos muestran patologías desde muy pequeños. Son niños muy psicopáticos, los que torturan al gato, que maltratan a otros niños. Si no hay apego, no hay empatía.
-Nunca recomiendo a un enfermo sólo la medicación. La medicación, esto es importante dejarlo claro, está basada en síntomas, no en el diagnóstico de una enfermedad. Tenemos medicinas para síntomas, pero no curan. Eso provoca una gran confusión. Lo más peligroso para un enfermo es dejar de tomar una medicación de golpe.
-La mayoría de nuestros pacientes vienen con su familia, padres, hermanos, todos en tropel. España es muy gregaria. En Estados Unidos, no, allí van solos. Aquí la lucha de los familiares es por afán de participar, porque la psiquiatría española les da muy poco espacio. Al principio, los pacientes quieren estar solos en consulta, a partir de ahí vamos negociando y tratamos de cambiar las ideas preconcebidas de lo que es peor o mejor. Les convences de que es más eficaz estudiar su problema en relación al entorno familiar.
-Cuando un paciente acepta estar en un grupo de terapia con más familias es porque quiere aprender. Tú vas viendo los cambios que experimentan. En la vida se aprende mucho a través del otro. Muchos asistentes no hablan, pero sabes que se están transformando. Luego te lo dicen: me sirve mucho aunque no me atreva a hablar. Y es que el cerebro aprende por imitación.
-Creemos que los enfermos mentales son potencialmente peligrosos porque son imprevisibles y nos hacen estar alerta. Pero estadísticamente sabemos que estos pacientes tienen un índice de delitos mucho menor que la población general. Los terroristas no están locos, no. De hecho, no se les suele aceptar en grupos sectarios de este tipo porque no se fían de ellos. Probablemente son inmaduros, inadaptados, pero no es locura.
-Nosotros luchamos para trabajar en comunidad y poner en segundo lugar la medicación. Lo hacemos unidos a los movimientos de desmedicalización de los propios pacientes, que reivindican que no están enfermos sino que tienen síntomas, porque en la vida lo importante es la funcionalidad: si funcionas, no eres un enfermo. Pero nos alerta el aumento enorme de la psiquiatría cosmética, promocionada por la industria, por la impaciencia, más por su efecto de droga de la felicidad. Queremos evitar insomnios, fobias, miedos, y vamos a lo fácil, pero esas dificultades se tratan mejor con terapia. La medicación es un gran mal de nuestro tiempo. Aceptamos una sociedad medicalizada para alcanzar el máximo de nuestro rendimiento y acabamos siendo esclavos. Necesitamos drogas, siempre se han necesitado, pero ahora tratamos de borrar cualquier contratiempo.
-Lo que pretende nuestro equipo es ser flexible y creativo: hacemos una amalgama de tratamientos, mezclando aspectos del psicoanálisis con terapias puntuales cognitivas; estudiamos las necesidades sociales o económicas o buscamos mini residencias cuando la vida en las casas es tóxica. Lo básico es la psiquiatría comunitaria, de barrio, en la cual impliquemos a la sociedad lo máximo posible. Queremos salir de los lugares psiquiátricos, preferimos los centros de salud mental primaria al hospital; desearíamos tener accesibilidad a bibliotecas, asociaciones de vecinos... para demostrar que nuestros pacientes están mejor de lo que parece. Instamos a familias y pacientes a ser dueños de su tratamiento y nosotros les hacemos sugerencias. En España estamos muy atrasados en la participación activa del usuario, porque el modelo de psiquiatra ha sido el de "usted cállese y yo le voy a decir lo que tiene que hacer". Ya no, nuestro trabajo es artesano, cada historia nos lleva a adaptarnos a la necesidad del paciente. Y no hemos tenido presiones de la administración, ¿por qué? Porque venimos demostrando que somos eficaces. Yo tengo la obligación de cumplir unos objetivos de gestión clínica y quien nos supervisa ve que por paciente y año hemos disminuido a un ochenta por ciento los ingresos, disminuido el consumo de fármacos otro ochenta por ciento, las bajas laborales son mínimas, ve que no ha habido agresiones, que no hay recaídas. Al final sale más barato y es más eficiente.
-La psicosis siempre se ha mantenido como la enfermedad mental por excelencia, anda siempre entre el 1 al 2 por ciento. Pero han ido aumentando los trastornos de la personalidad y hoy en día ocupan un rango entre el 4 y el 5 por ciento. Pienso que tiene que ver con que criamos a nuestros hijos de manera insegura, con mucha más permisividad hacia consumos de tóxicos y en situaciones muy caóticas que son poco eficientes para que los chicos sean autónomos. Hay un cambio muy brusco de la sobreprotección a pedirle de pronto a un hijo que sea un tío genial, porque "es lo que me debes teniendo en cuenta lo que he hecho por ti". Y ahí los jóvenes se rompen.
-Yo suelo dibujar un vaso a mis familias para explicar los factores que influyen en la enfermedad mental: en la base está lo biológico, ese tanto por ciento que nos deja una herencia genética; después, la crianza, hay crianzas seguras que disminuyen la probabilidad de una herencia biológica y son un favor de resistencia a la adversidad; luego, la adolescencia, cuando se fragua la personalidad; más arriba, el consumo de tóxicos, que cambia la bioquímica cerebral y la manera en que nos relacionamos con el mundo; por encima, los aspectos sociales, la pobreza, por ejemplo, que es un factor de riesgo para la psicosis, y luego, el trauma. La capacidad para superar un trauma está muy relacionada con el apego que hemos tenido. Si pierdes a tu padre pero tienes unas relaciones seguras que te permiten disolver el trauma, lo vivirás mejor. Por último, está cómo manejamos el estrés cotidiano. Un chico o una chica a los que les fallen varios de estos factores, que están interrelacionados, con un fracaso amoroso se vienen abajo.
-Los países pobres tienen menos incidencia de enfermedad mental y la viven de una manera más adaptativa, sin embargo, los pobres o los inmigrantes de un país desarrollado están sometidos a unas exigencias cotidianas muy fuertes que los hacen sin duda más vulnerables. En la enfermedad mental todo cuenta.
La conversación se hace corta porque, inevitablemente, escuchando al doctor Figuera uno cree vislumbrar muchas claves de la relación que mantuvimos con nuestros padres o de la que hoy tenemos con nuestros hijos.
https://elpais.com/cultura/2017/09/09/actualidad/1504959396_996191.html

¿Qué es la Práctica Psicomotriz Aucouturier?

¿Qué es la Práctica Psicomotriz Aucouturier?

La Práctica Psicomotriz es un método que tiene por objetivo la maduración psicológica de los niños y niñas a través de la vía motriz.

¿Qué entendemos por maduración psicológica? El proceso que va de la acción, el juego y el movimiento a la generación de pensamiento, es decir el proceso por el que el niño accede al mundo simbólico y desarrolla sus representaciones mentales conscientes e inconscientes a partir de sus acciones, sus sensaciones y sus emociones.
Los niños reales son niños que saltan, corren, ríen, gritan, lloran, y todo ello tiene un sentido cuyas claves nos proporciona la teoría que, basada en la comprensión psicodinámica de la actividad infantil, nos permite comprender el sentido profundo de todo ello y en consecuencia nos abre un campo de intervención ajustada para que el niño transforme sus impulsos, los canalice, los exprese, incluso los represente en imágenes y creaciones propias.
Psicomotricidad-66
Para todo ello la Practica Psicomotriz se basa en una pedagogía de espacios y tiempos que permite al niño realizar el proceso que va del “placer de jugar y de moverse al placer de pensar” en un marco concreto que es la Sala de psicomotricidad, un espacio rico, variado y lleno de color, en el que la presencia de un adulto atento que acoge y contiene las producciones de los niños y las niñas, sus dificultades, sus miedos, sus descubrimientos, sus deseos, su placer y sus emociones, acompaña de manera activa y empática su proceso de maduración.
Por todo ello podemos decir que la Práctica Psicomotriz favorece el desarrollo armónico de la persona porque es un medio privilegiado para estimular los procesos de crecimiento y de desarrollo de la propia identidad a partir de aquello que es más genuino en la infancia que es el juego espontáneo.
Estos principios se encuentran en las dos orientaciones primordiales de la Práctica:
Práctica Psicomotriz Educativa y Preventiva
Encuentra su campo privilegiado de implementación en el ámbito escolar entre los 0 y los 7 años. Favorece el desarrollo de bases madurativas sólidas para que los niños realicen el proceso que permite transformar la energía corporal y pulsional en acciones eficaces, y en pensamiento.
Terapia Psicomotriz
Es una terapia que actúa a través de la movilización corporal, el juego y el movimiento con el fin de reestablecer o en su caso instaurar la integración de los impulsos y sensaciones en el aparato psíquico. Se orienta a trabajar con niños que presentan dificultades de todo tipo, alteraciones psicomotoras, déficit de atención, hiperactividad, dificultades emocionales, adaptativas y/o de aprendizaje, autismo, discapacidad, parálisis cerebral…

Recordatorios para los padres y madres de familia

María Montessori redactó cortos  recordatorios para los padres y las madres de familia.

Son sencillos, pero si lo piensas un poco más a fondo, en cada uno de ellos hay gran sabiduría.  Para que la relación con sus hijos mejore en calidad y cantidad, además ellos crecerán con una personalidad mejor desarrollada y serán individuos más cercanos a la vida en armonía.

1.    Los niños aprenden de lo que los rodea.
2.    Si criticas mucho a un niño, él aprenderá a juzgar
3.    Si elogias con regularidad al niño, él aprenderá a valorar.
4.    Si se le muestra hostilidad al niño, él aprenderá a pelear.
5.    Si se es justo con el niño, el aprenderá a ser justo.
6.    Si se ridiculiza al niño con frecuencia, él será una persona tímida.
7.    Si el niño crece sintiéndose seguro, aprenderá a confiar en los demás.
8.    Si se denigra al niño con frecuencia, se desarrollará en él un malsano sentimiento de culpa
9.    Si las ideas del niño son aceptadas con regularidad, él aprenderá a sentirse bien consigo mismo.
10. Si se es condescendiente con el niño, él aprenderá a ser paciente
11. Si se alienta al niño en lo que hace, ganará seguridad en sí mismo
12. Si el niño vive en una atmósfera amigable y se siente necesario, aprenderá a encontrar amor en el mundo.
13. No hables mal de tu niño/a, ni cuando está cerca, ni cuando no lo está
14. Concéntrate en el desarrollo de lo bueno del niño de tal manera que sencillamente no quede lugar para lo malo
15. Escucha siempre a tu hijo y respondele cuando él se acerque a tí con una pregunta o un comentario
16. Respeta a tu hijo aunque haya cometido un error. Lo corregirá ahora o quizá un poco más adelante
17. Está dispuesto a ayudar si tu niño busca algo, pero tambien está dispuesto a pasar desapercibido si él mismo ya ha encontrado lo que buscaba
18. Ayuda al niño a asimiliar lo que antes no había podido asimilar. Haz eso llenando el mundo que lo rodea de cuidado, discreción, oportuno silencio y amor.
19. Cuando te dirijas a tu hijo, hazlo siempre de la mejor manera. Dale lo mejor que hay en ti